Mientras muchos adolescentes apenas comienzan a descubrir qué quieren hacer en el futuro, Evan Budz ya estaba desarrollando tecnología capaz de ayudar a proteger los océanos. Con solo 15 años, este joven canadiense sorprendió a científicos e investigadores al crear BURT, una innovadora tortuga robótica diseñada para detectar contaminación marina y monitorear arrecifes de coral sin alterar la vida submarina.

El proyecto nació de una idea poco común: en lugar de construir un dron submarino tradicional, Evan decidió inspirarse directamente en la naturaleza. Así diseñó un robot biomimético capaz de imitar el movimiento silencioso y fluido de una tortuga marina real, reduciendo considerablemente el ruido y las perturbaciones que suelen generar otros dispositivos mecánicos bajo el agua.
BURT —cuyo nombre proviene de Bio-inspired Underwater Robotic Turtle— utiliza inteligencia artificial, cámaras submarinas y sensores especializados para desplazarse por ecosistemas marinos mientras analiza el entorno en tiempo real. El sistema puede identificar microplásticos, detectar especies invasoras y evaluar daños en arrecifes coralinos, uno de los ecosistemas más amenazados del planeta debido al cambio climático y la contaminación.

Uno de los aspectos más impresionantes del proyecto fue su capacidad para detectar coral blanqueado con una precisión cercana al 96 % durante las pruebas realizadas. El blanqueamiento ocurre cuando los corales sufren estrés extremo, generalmente causado por el aumento de temperatura del océano, y expulsan las algas que les proporcionan nutrientes y color. Este fenómeno se ha convertido en una de las mayores amenazas para arrecifes de todo el mundo.
La inspiración biológica detrás de BURT también representa una tendencia creciente dentro de la ingeniería moderna conocida como biomimética, una disciplina que busca desarrollar tecnologías inspiradas en soluciones presentes en la naturaleza. Al copiar el desplazamiento de las tortugas marinas, el robot logra moverse de forma mucho más discreta y eficiente dentro de hábitats sensibles.

El impacto del proyecto llevó a Evan Budz a ganar el primer lugar en el prestigioso European Union Contest for Young Scientists, celebrado en Letonia. El certamen reúne a algunos de los jóvenes investigadores más prometedores del mundo y es considerado uno de los eventos científicos estudiantiles más importantes a nivel internacional.
Especialistas en conservación marina consideran que herramientas como BURT podrían ser muy útiles en el futuro para monitorear ecosistemas oceánicos sin generar un impacto negativo adicional. A diferencia de embarcaciones grandes o drones ruidosos, los sistemas inspirados en animales permiten obtener información ambiental de manera menos invasiva.

Además del problema del coral, los microplásticos se han convertido en otra preocupación global creciente. Estas diminutas partículas derivadas del plástico ya fueron encontradas en océanos, peces, agua potable e incluso dentro del cuerpo humano. Tecnologías capaces de localizarlas y rastrear su expansión podrían jugar un papel importante en futuras estrategias de conservación ambiental.
La historia de Evan Budz demuestra que la innovación científica ya no depende únicamente de grandes laboratorios o corporaciones multimillonarias. A veces, una idea nacida de la curiosidad de un adolescente puede terminar convirtiéndose en una herramienta real para enfrentar algunos de los mayores desafíos ambientales del planeta.




